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Ecce Homo

Escrito por dicotomico 19-04-2018 en Filosofia. Comentarios (0)

Es un debate añejo discutir si la inspiración tiene un origen divino o espiritual o es solamente el resultado del trabajo y la optimización mental. En realidad ambos puntos de vista no se contradicen necesariamente -pueden complementarse-, pero no intentaremos aquí hacer una teoría de la creatividad, sino solamente mostrar esta noción de que la creatividad puede experimentarse como un acto de posesión, un asalto del genio, un rapto. Esta idea era defendida por los griegos y el mismo Sócrates señala que la posesión (la manía) es superior a la mesura (a la sophrosyne), justamente porque la primera proviene de los dioses. En el Fedro, Platón habla sobre cuatro manías vinculadas a un dios diferente. Una de ellas, la teléstica, está vinculada a Dioniso; esta es la manía de los misterios religiosos, la manía del estado de trance. Dioniso es, como todos saben, el dios con el que Nietzsche se identificó y cuya actitud extática y desenfrenada buscaba rescatar, en oposición a lo apolíneo y lo cristiano, en lo que veía la mesura y la racionalidad. 

Hoy en día la manía es un término peyorativo, ligado a la psicopatología, lo cual nos muestra que estamos en una época racionalista. Sin embargo, a la sombra de la razón, la manía o los estados de posesión y rapto siguen fascinando a los individuos y siguen ocurriendo, aunque suelen ser rápidamente controlados por fuertes fármacos o suprimidos por el individuo por el temor a la marginación social. A la vez existe un creciente interés por conocer los mecanismos de la creatividad y crear protocolos para fomentarla, particularmente dentro de esquemas de productividad laboral (ya que no son muchas las personas que hoy en día ansíen verse arrastrados por las musas para escribir poemas místicos). De aquí que haya surgido el término "flow" en la psicología, para explicar estos estados de creatividad funcional y secular. Formas domesticadas y consistentes de las manías divinas. 

Si se quiere entender estos procesos de creatividad o inspiración, sin duda uno debe voltear a Nietzsche, quien en la década de 1880 vivió un período efervescente de productividad, uno de los más notables en la historia de la filosofía y de la literatura., caracterizado por lapsos de intensa creatividad, escribiendo libros en semanas, literalmente a la manera de "revelaciones". 

En Ecce Homo, el texto que es una especie de autobiografía, escrita poco antes de su colapso mental, Nietzsche narra cómo escribió Así habló Zaratustra, en un período en el que salía a caminar a la montaña cerca de la bahía de Rapallo. Fue en una de estas caminatas, en una encrucijada, que primero Zaratustra lo emboscó, literalmente, porque Nietzsche habla de cómo lo que era uno se convirtió en dos, es decir, su personalidad se desdobló. Así, escribió las tres primeras partes de este texto en ráfagas de 10 días. A este estado de posesión creativa -que en términos de la psicología de Jung es claramente una posesión del inconsciente arquetípico- lo llamó también la "gran salud" (paradójicamente, puesto que se encontraba ya afectado por problemas de salud, y al final acabaría en un hospital mental). Una gran salud que es la aceptación voluntaria de la tragedia de la vida -una tragedia que se percibe como un destino-. El siguiente pasaje es una de las manifestaciones más límpidas y poderosas que existen para entender el fenómeno de la inspiración. Vemos plasmada esta noción que ha distinguido a profetas y poetas por igual y que parece dotar a la vida creativa de una cualidad inexorable, de ser una especie de destino superior. El hombre se revela como un instrumento de una fuerza numinosa. El poeta Rumi había expresado lo mismo comparándose con una pluma que no sabe lo que la mano va a escribir; así él y la divinidad. Y Nietzsche: Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento.

¿Tiene alguien, a finales del siglo XIX, un concepto claro de lo que los poetas de épocas poderosas denominaron Inspiración? En caso contrario, voy a describirlo: Si se conserva un mínimo residuo de superstición, resultaría difícil rechazar de hecho la idea de ser mera encarnación, mero instrumento sonoro, mero médium de fuerzas poderosísimas. El concepto de revelación, en el sentido de que de repente, con indecible seguridad y finura, se deja ver, se deja oír algo, algo que le conmueve y trastorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento, con necesidad, sin vacilación en la forma -yo no he tenido jamás que elegir-. Un éxtasis cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas, un éxtasis en el cual unas veces el paso se precipita involuntariamente y otras se torna lento; un completo estar-fuera-de-sí, con la clarísima consciencia de un sinnúmero de delicados temores y estremecimientos que llegan hasta los dedos de los pies; un abismo de felicidad, en que lo más doloroso y sombrío no actúa como antítesis, sino como algo condicionado, exigido, como un color necesario en medio de tal sobreabundancia de luz, un instinto de relaciones rítmicas, que abarca amplios espacios de formas -la longitud, la necesidad de un ritmo amplio son casi la medida de la violencia de la inspiración, una especie de contrapeso a su presión y a su tensión-... Todo acontece de manera sumamente involuntaria, pero como en una tormenta de sentimiento de libertad, de incondicionalidad, de poder, de divinidad... La involuntariedad de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención; no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo, todo se ofrece como la expresión más cercana, más exacta, más sencilla. Parece en realidad, para recordar una frase de Zaratustra, como si las cosas mismas se acercasen y se ofreciesen para símbolo («Aquí todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar sobre tu espalda. Sobre todos los símbolos cabalgas tú aquí hacía todas las verdades... Aquí se me abren de golpe todas las palabras y los armarios de palabras del ser: todo ser quiere hacerse aquí palabra, todo devenir quiere aquí aprender a hablar de mí»).

(Ecce Homo, Alianza Editorial, Madrid, 1981. Trad. Andrés Sánchez Pascual)


Mi encuentro con Apolo

Escrito por dicotomico 16-04-2018 en alto. Comentarios (0)

Te observo fijamente al lado mío y pienso que somos como dos vinos semisecos intransigentes, con menor cantidad de Taninos que uno seco, característica que nos separa de los frígidos y empalagosos, misma que nos lleva a producir un sentimiento denso en muchas bocas, que por equidad nos crea elogios como oscuros vilipendios.

 No contestamos a conservadores naturales, y puedo decir aún así que no nos añejamos con simpleza, aunque no lleguemos a ser de la moral y decencia de un Cabernet Sauvignon, ni pertenezcamos a la casta Borbona o Californiana, sabemos a poesía para nuestros más arduos probadores.

 Apolo me exclama...

¡Una diferencia entre ustedes!;

Que no sea una definición errática ni mucho menos lastimera, para nada sobria,

que sea desinhibida y de origen natural, suplica al final, el panteísta con su demanda...

En son de argüir como consecuencia natural, objeto llamándote "Merlot", de calidad suave y refinada, con apariencia sensible y al mismo tiempo genésica, de un cuerpo atractivo y claro que se deja saborear como una tarde primaveral, de esencia sahariana y amazónica, que por ende se presta a la combinación de vinos más duros y tánicos, poseedora de un aroma floral moderado con chocolates y tabaco, y de besos…

¡Y qué besos!, con sabor a grosellas y cerezas;

Debido a su proporción de taninos no se añeja por un largo periodo, es más no es necesario añejarla....

 La racionalidad me interrumpe, palabrea murmurando algo inentendible y luego implora mi nombre.

Sin desasosiego, obstinado y al mismo tiempo tiritante ni amedrentado, formulo así....

Yo señor, soy "Malbec" confirmo;

De origen parecido a la "Merlot", considerado como producto de varietal único, pero no tan selecto ni elegante como ella, soy principalmente de multifunción, de apariencia casquivana, de un cuerpo grueso y algo oscuro, que rememora esos domingos lluviosos, de fácil beber y probar, aunque a veces de persistencia algo tosca y naturalidad torpe, tiendo a ser delicado para fauces del epicureísmo que me celebran en trabajos relativamente globales, dueño de un sabor a ciruelas y anís, poseso de largos aromas de tierras húmedas y frutos secos, que tampoco necesito añejar... y por ende combino mejor con Pizzas.

La deidad estalla en risa confundida, aflora en mis sentimientos encarnecidos hace mucho por un racimo peculiar, me mira con compasión e ira y al momento de dejarme en libertad al galope de un golpe destinado al chapoteo moribundo del derrame, despierto…

Pues despierto soso y ambicioso me preparo al segundo encuentro con Apolo.


Cotidianidad

Escrito por dicotomico 10-04-2018 en Alta. Comentarios (0)

Recordé la curiosa manera de como mis padres eliminaban semanas de presión en el trabajo, todos los fines de semana desde que tengo memoria, dejaban a un lado su cotidianeidad para sumergirse en la apacible naturaleza del viaje, creaban sus propios momentos sublimes en base a visitas inesperadas a lugares pensados por una caprichosa búsqueda de paz.

Hoy, llevo más de 6 años viviendo solo y creo poder entender ese curioso comportamiento en base a su día a día, la presión creada por el mundo en sociedad es irremediablemente agotadora, no solo lo digo por tener que soportar constantes roces con algoritmos que viven situaciones parecidas a las mías, ni mucho menos por vivir haciendo algo que no nos agrada, lo digo porque creemos en la soledad, esa misma que vaga acompañándonos siempre, que nos hace vivir momentos con miedo y zozobra, que según caretas y trabas psicosociales nos induce a querer olvidar lo que somos, a dejarnos llevar por una noche de fiesta, por una buena charla, con música tan reconfortante o simple mente en la búsqueda de una compañía para esa noche según nuestra melancolía, rigurosamente eterna.

Herman Hesse indicaba en su libro “Demian” que solo los seres cobardes buscan personas iguales a ellos para tener una idea del que opinar, que la gran parte de grupos creados en base a modas obedecen al factor miedo, aquel mismo que los obliga a relacionarse con los demás.

¿Es acaso el miedo a estar solos lo que nos transmuta en otra persona diferente a nosotros?, según Roger Waters, llegamos a cambiar tanto solo para agradar a personas que no conocemos por temor a no ser aceptados en ese muro social donde cada uno hace de un ladrillo solido hasta formarlo como tal, nos alienamos por alguien o algunos, con el sentimiento de reciprocidad en una amistad andamos realmente taciturnos, sin realmente decir lo que pensamos, solo sé que poco a poco la persona como tal, como individuo, fue muriendo y en su mayoría perdieron su identidad  para formar familias no solo consanguíneas o conyugales, familias que los ayudan a escapar, lugares donde deciden buscar paz.

No es una crítica violenta a los colectivos, solo una invitación a ver a través de nosotros mismos, a dejarnos ser acompañados por esa soledad tan introspectiva, a dejar la apología del histriónico melancólico y a sobre llevar nuestros problemas como unidad y así no tener problemas en respetar la los demás, a crecer unitariamente para ser colectivamente más fuertes.

Hoy Lunes, 9 de abril recibí una llamada de mis padres, me indicaron que compraran cuatro paquetes en el “ROYAL CARIBEAN” reconocida agencia de viajes que organiza cruceros a través del caribe, con fecha de inicio en Julio, el viaje incluirá las costas de Mexico, Jamaica, Gran Caiman, Puerto Rico, Barbados, Granada y Republica Dominicana, el crucero nombrado “Harmony of the seas”, supongo por alguna apología a Robert Owen, dará inicio la travesía en las costas de Colombia, ¿por qué no?, digo para mí mismo, iré sin ninguna intención de buscar paz, saldré como un día normal un día más para disfrutar, total si al momento de vivirlo esta experiencia se convertirá en una historia nueva en mi repertorio, después de todo creo en esa idea tan fuera de lógica que pregonaba Eduardo Galeano, “los hombres no están hechos de átomos como dicen los más renombrados científicos, estamos hechos de historias”.